6.8.12

Los códigos secretos de la conspiración Babington

Originalmente publicado por Luis Enrique Corredera, en elreservado.es, 26 de enero de 2011

En las anteriores entregas de esta serie de códigos secretos hemos repasado cómo desde la antigüedad se hacía uso de formas especiales para escribir la información y mantenerla apartada de los curiosos ojos ajenos, o bien poder transmitirla a otras personas intentando que si el mensaje caía en manos de un tercero, éste no pudiera conocer el importante contenido del mismo.

A pesar de que en el siglo IX Al Kindi ilustrara la forma de romper la criptografía de sustitución monoalfabética mediante el análisis en frecuencia de la aparición natural de las letras en el idioma, muchos países occidentales ignoraban la efectividad de dicho método.

En época de Felipe II, mientras que todos los países europeos dominaban las artes de la criptografía y el criptoanálisis, nuestros criptoanalistas españoles seguían ingenuamente usando el sistema de sustitución monoalfabética. El propio Felipe II llegó a presentar ante el Vaticano una petición de juzgar al critpanalista francés François Viète porque una capacidad tal de entender los mensajes cifrados requería que Viète fuera “un enemigo jurado confabulado con el diablo”.

El papa, a sabiendas de que sus criptoanalistas descifraban y leían los mensajes españoles desde hacía años, desestimó la petición, y las noticias sobre la estrambótica petición fueron de dominio público, convirtiendo a los criptógrafos españoles en el hazmerreir de Europa. No obstante, fueron los españoles los únicos confiados en aquella época, y la historia de María Estuardo, reina de Escocia, firma una de las más interesantes anécdotas en el uso de escritura secreta.

María de Escocia nació sólo una semana después de que su padre, Jacobo V, rey de Escocia falleciera y fue coronada reina a los 9 meses de edad, el 9 de septiembre de 1543. El hecho de tener una reina bebé le procuró a Escocia un tiempo de paz con la Inglaterra de Enrique VIII, pues no hubiera sido bien visto por el resto de Europa el ataque a un país con un monarca menor de edad.

Las presiones de Inglaterra para acordar el matrimonio de María con el hijo de Enrique VIII se materializaron en la quema y asalto de tierras y poblados fronterizos. Para garantizar la seguridad de María, se acordó el matrimonio con el delfín francés Francisco, y fue trasladada a Francia. Pasados años contrajeron matrimonio y apenas un año después, Francisco falleció por una infección de oído.

María regresó a Escocia en 1561 y casó con su primo Eduardo Estuardo, conde de Darnley, que era un hombre malvado y cruel, que fue objeto de una conspiración que acabó con su vida en 1567. María contrajo matrimonio con el conde de Bothwell que a los pocos meses fue exiliado y María apresada y obligada a abdicar a favor de su hijo Jacobo por los nobles escoceses.

María se fugó de su prisión y reunió un ejército formado por sus partidarios, que era numeroso pero poco coordinado, y que cayó en batalla ante el ejército de Escocia. María huyó en dirección a Inglaterra con la esperanza de que su prima, la reina Isabel I le diera refugio.

Isabel I, consciente de que los católicos en Inglaterra la consideraban poco más que una hija bastarda sin derecho al trono, se vio obligada a mantener en prisión a María Estuardo, pues para los católicos, María sería una reina legítima e Isabel no.

María pasó 18 años encarcelada y sin que le entregaran el correo, ni le permitieran enviar sus propias cartas hasta que, el 6 de enero de 1586, recibió un gran paquete de cartas de partidarios de María en Europa que habían sido retenidas en la embajada francesa en Inglaterra, y que fueron introducidas en la prisión por Gilbert Gifford, usando técnicas de esteganografía en un tapón hueco de un barril de cerveza.

Gifford no sólo consiguió hacerle llegar a María su correspondencia repetidas veces, sino que también hizo posible que María pudiera enviar correspondencia afuera sin que ésta fuera interceptada.

Mientras tanto, en las tabernas de Londres, un grupo de nobles católicos liderados por Anthony Babington planeaba derrocar a Isabel I y liberar a María de Escocia, auspiciados por la dureza de la política anticatólica que estaba llevando a cabo el estado. Todos estuvieron de acuerdo en que para llevar a cabo su plan, necesitarían comunicárselo a María y obtener su aprobación, aunque no sabían cómo se la harían llegar.

Gifford buscó a Babington para entregarle una carta procedente de María Estuardo, quien sabía de la existencia de Babington por las cartas que recibía de sus partidarios en Europa,  el mismo Gifford fue usado como correo de vuelta para entregar el mensaje de la conspiración a María.
Babington escribió la carta a María codificada mediante un nomenclador, que es una mezcla de sustitución monoalfabética con unos cuantos símbolos que representaban algunas palabras. Así se aseguraba de que, aunque la carta fuera interceptada por el carcelero, la conspiración se mantuviera en secreto.


Ilustración 1: Nomenclador usado por María Estuardo y Anthony Babington

Gifford hizo llegar la carta a María, tal y como estaba previsto, pero no sin antes hacerla pasar por sir Francis Walsingham, secretario de la reina Isabel I, que la puso a disposición de su secretario de cifras, Thomas Phelippes, que era un extraordinario criptoanalista y falsificador. Con unos días de esfuerzo pudo descodificar el nomenclador de María e informó a Walsingham de la situación quien, en lugar de abalanzarse sobre el conspirador, decidió esperar la respuesta de María.

María respondió a la carta de Babington usando el nomenclador y, escribió sobre el plan, afinando algunas cuestiones de planificación del mismo, al tiempo que firmaba su propia sentencia de muerte. Whalsingham ordenó a Phelippes que añadirá un postdata a la carta de María, usando su mismo cifrado: “Me alegraría conocer los nombres y las cualidades de los seis caballeros que llegarán a cabo el plan; porque puede que, conociendo a los participantes, yo pueda daros algún consejo necesario para seguirlo en eso, así como de vez en cuando los particulares de cómo proceder: y en cuanto podáis, con el mismo propósito, quiénes conocen ya, y en qué medida los detalles de esta cuestión”.



Ilustración 2: Postdata falsificado de la carta de María Estuardo

Babington no desconfió de la carta, que había sido escrita usando la cifra secreta, y atendió las peticiones de María. Toda esta información procuró la identificación y persecución de los conspiradores, que fueron cruelmente torturados antes de asesinarlos. María no corrió mejor suerte y fue condenada a muerte en juicio y su sentencia firmada por su propia prima, Isabel I. María fue decapitada y todas sus pertenencias quemadas para evitar la creación de reliquias.

La cifra de María fue la demostración de que es más peligroso usar un sistema de cifrado débil que no usar un sistema para esconder la información, pues al confiar en la confidencialidad de su nomenclador escribieron abiertamente todas las intenciones y personas que participarían en la conspiración. Además, la enorme confianza en su cifra facilitó la aceptación de la falsificación de Phelippes como un mensaje original, confidencial e íntegro.

El caso de María Estuardo fue el pistoletazo de salida a una trepidante carrera entre criptógrafos y criptoanalistas europeos que vamos a seguir de cerca en ElReservado.es.

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